martes, 20 de octubre de 2015

Misericordia

La misericordia es la disposición a compadecerse de los trabajos y miserias ajenas. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente en el perdón y la reconciliación. Es más que un sentimiento de simpatía, es una práctica. En el cristianismo es uno de los principales atributos divinos. La misericordia es también un sentimiento de pena o compasión por los que sufren, que impulsa a ayudarles o aliviarles; en determinadas ocasiones, es la virtud que impulsa a ser benévolo en el juicio o castigo.

Obras de misericordia espirituales

  • Enseñar al que no sabe
  • Dar buen consejo al que lo necesita
  • Corregir al que yerra.
  • Perdonar las injurias.
  • Consolar al triste.
  • Sufrir con paciencia los defectos del prójimo
  • Rogar a Dios por los vivos y las almas perdidas.

Obras de misericordia corporales

  • Visitar y cuidar a los enfermos.
  • Dar de comer al hambriento.
  • Dar de beber al sediento.
  • Dar posada al peregrino.
  • Vestir al desnudo.
  • Liberar al cautivo.
  • Enterrar a los muertos.

Buscar la misericordia de Dios

Según la Biblia, los que desean disfrutar de la misericordia de Dios deben buscarle con una buena predisposición de corazón y abandonando sus malos caminos y pensamientos perjudiciales (Isa 55:6, 7); no solo es preciso, sino propio, que le teman y le muestren aprecio por sus preceptos justos (Sl 103:13; 119:77, 156, 157; Lu 1:50); y si se desvían del proceder justo que han estado siguiendo, no deben intentar encubrirlo, sino confesarlo y arrepentirse con un corazón contrito. (Sl 51:1, 17; Pr 28:13.) Otro factor imprescindible es que ellos mismos deben ser misericordiosos. Jesús dijo: “Felices son los misericordiosos, puesto que a ellos se les mostrará misericordia”. (Mt 5:7.)

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